Gata


Monasterio de Yuste.


A dos kilómetros de Cuacos y arropado por un bosque de castaños. Antes de llegara la derecha, encontramos el Cementerio Alemán con tumbas y cruces, pertenecientes a jóvenes alemanes muertos en las dos guerras mundiales.
Sobre las tapias monacales, un magnífico escudo de cantería nos indica que llegamos al Monasterio de Yuste. En el año de 1407, este escondido lugar sirvió de retiro de tres solitarios de Plasencia que se recluyeron allí para cumplir sus penitencias. Sus nombres podrían ser: Andrés de Plasencia, Juan de Robledillo y Juan de Toledo. Posteriormente la comunidad fue creciendo y adoptaron la regla de San Jerónimo, siendo los religiosos de esta Orden los que llevan en la actualidad el Monasterio .

El monasterio está dividido en dos claustros, uno gótico (s. xv) y el otro plateresco (s. xv). Las estancias de los religiosos se encuentran a ambos lados de los claustros. Pegada al claustro gótico está situada una Iglesia del s. xv. Está formada por una sola nave, de cruceria estrellada y cabecera poligonal. En el centro se encuentra el iletabio Mayor de Juan de Herrera, con una pintura que representa La apoteosis de Carlos V. El Coro , labrado y de nogal, se halla en un segundo plano elevado y está realizado en sillerías góticas con mucha sobriedad.
Un edificio de dos plantas fue construido para alojar a Carlos V. La de abajo estaba pensada para alojarse durante el verano pero fue poco utilizada; la de arriba para residencia imperial. Se componia de cuatro estancias: al fondo, la habitación privada en la que el monarca podía escuchar sin moverse de la cama los oficios divinos. A la derecha, la sala de estar y comedor, que comunicaba con la Sala de Audiencias, primera a la derecha. Enfrente, la antecámara. La residencia imperial está actualmente preparada para enseñarla al público. Se entra al edificio por una rampa de acceso que termina en una terraza porticada. Junto al lugar donde murió el Emperador, un 21 de septiembre de 1558 a las dos y media de la mañana, se colocó un busto en su memoria. En la huerta aún se conserva un precioso estanque.