
Se trata de una "procesión" de lavanderas encabezada por un burro en el que va subido un muñeco de trapo: "El Febrero".
Después de realiar un recorrido por la ciudad en el que las lavanderas cantan viejas canciones, al tiempo que toman anís y coquillos, se quema "El Febrero", mientras se da lectura al "manifiesto de las lavanderas".
Con esta ceremonia, las mujeres celebran el fin de los fíos invernales y llegada del buen tiempo.