Monfragüe: itinerario del Cerro Gimio


Para la realización de esta ruta de seis kilómetros de larga, proponemos la estación de la primavera e ir acompañado de una guía de plantas y otra de aves. Además de unos prismáticos.

Seguir la ruta no es difícil a través de un sendero perfectamente delimitado que ha creado la Escuela Taller de Monfragüe, centrándose esta etapa en el conocimiento de las especies vegetales y animales de los arroyos del Parque.

Iniciamos la ruta desde el punto inicial del poblado de Villareal de San Carlos, en el corazón del Parque Natural de Monfragüe. Desde allí seguimos la carretera en dirección hacia Plasencia unos 300 metros, y al llegar a la primera curva salimos de la misma por la margen izquierda, comenzando entonces un trayecto entre las repoblaciones de eucaliptus que actualmente cubren el 20 por ciento de las tierras del parque, legado del proyecto que a finales de 1974 promovió el Icona para el «aprovechamiento» de la zona.

Llegamos a una bifurcación de senderos, que volverán a juntarse más adelante, no obstante tomamos el camino de la izquierda, que nos lleva hasta la orilla del arroyo de Malvecino, donde pasamos un rato buscando el la guía la gran variedad de especies vegetales que habitan el lugar, como tomillos, caléndulas, gamones, brezos, jaras, malvas, labiérnagos y cantuesos.

Junto al Malvecino encontramos un pilón de piedras, seguimos por la margen izquierda del cauce y encontramos un puente de madera característico de las pequeñas construcciones de madera realizadas en la zona por los pastores.

A la parte derecha podemos observar las repoblaciones de eucaliptus, donde las jaras han conseguido colonizar parte de los suelos desmineralizados por los gigantes australianos. Al otro lado, los fresnos y alisos conforman la vegetación más característica de las zonas húmedas de las riberas del Tajo.

Siguiendo la senda ascendemos hasta el «Cerro Gimio», donde paramos de nuevo para observar con los prismáticos a los carroñeros, buitres Iconados, buitres negros y alimoches, planeando en círculos cerrados sobre Peña Falcón.

Desde allí podemos divisar el cauce del arroyo Barbaon y su encuentro aguas abajo con el Malvecino, y aún más al sureste, frente a Peñafalcón, podemos ver la mole del castillo dominando la cumbre de lo que fuera hace siglos uno de los grandes bastiones estratégicos del dominio árabe en las fronteras castellano-leonesas.

Anfibios y reptiles

Descendemos nuevamente por el cauce del arroyo Malvecino encontrando nuevamente gran variedad de especies vegetales. En esta ocasión no obstante, nuestra atención se centra en la búsqueda de reptiles y anfibios en las márgenes del arroyo y los humedales que han quedado estancados cercanos al cauce principal, para lo cual recorremos silenciosamente un centenar de metros de las orillas, concentrándonos en la ebullición de vida animal y vegetal que prueba el arroyo. Allí abundan las culebrillas, ranas, sapos, salamandras y tritones ibéricos y jaspeados.

Alisos, fresnos y sauces colonizan las orillas del arroyo en busca del cercano Tajo. Junto a ellos en pequeños lodazales y entradas al agua, examinamos las huellas que dejan los grandes mamíferos sobre la arena y la tierra y la tierra húmeda en sus incursiones para beber o en sus rutas diarias sobre el arroyo. Descubriendo aí las pezuñas de los jabalíes y las pisadas de zorros, además de alguna grata sorpresa como el rastro de nutrias y las huellas de lince.

Por último, intentamos avistar algunos de los muchos pájaros que viven en la zona y a partir de sus rasgos más característicos, como tamaño, color y pico, intentamos identificarlos en la guía.

De nuevo tomamos la ruta y nos salimos del cauce del arroyo para regresar hasta Villareal de San Carlos, a través del bosque mediterráneo, por la parte sur de la aldea, tras haber realizado uno de los recorridos más didácticos del Parque Natural


Periódico EXTREMADURA, Domingo 14 de Febrero de 1993.

Autor: Salvador Vaquero


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