Agustín Fernández Márquez

El Sector del Higo en Cáceres

 

II. El cultivo de la higuera

II.1.- Necesidades de suelo
II.2.- Necesidades climáticas
II.3.- Plantación
II.4.- Marco de plantación
II.5.- Laboreo
II.6.- Riego
II.7.- Fertilizantes
II.8.- Poda
II.9.- Sistemas de cultivo
II.10.- Plagas y enfermedades
 

La plantación de higueras es un cultivo típico de los secanos de los países mediterráneos, al igual que el olivo, la vid o el almendro.

Ligado siempre a explotaciones extensivas y en asociación con otros cultivos, la higuera es un frutal que requiere mínimas condiciones físico-climáticas y aparentemente escasos cuidados culturales. Pero no nos cabe duda que el acondicionamiento de este cultivo hacia métodos intensivos de explotación se traducirá en mayores rendimientos productivos y en definitiva en el aumento de los beneficios económicos.

II.1.- Necesidades de suelo

El conocimiento en profundidad de los factores elementales del suelo: físicos, químicos y biológicos, son determinantes a la hora de realizar una plantación. El suelo es un factor importante para el éxito o fracaso de la misma y en función de las características del suelo los resultados productivos son bien diferentes.

La rusticidad de la higuera hacen de ella un árbol poco exigente en cuanto a suelos. Los lugares pedregosos y áridos, como los pocos profundos son aptos para su crecimiento. No obstante prefiere suelos frescos, permeables, ricos y bien drenados.

La higuera tiene un buen desarrollo en suelos arenosos de pH ligeramente ácido a neutro. Estos suelos determinan una precocidad en las cosechas y un mayor desarrollo vegetativo, aunque por contra los higos presentan un menor dulzor. Pero la facilidad de tratamiento de estos suelos mediante fertilizantes provoca sensibles mejoras en la calidad y tamaño del fruto, adquiere una riqueza en azúcar y aumenta el calibre.

Los suelos ricos en calcio y no excesivamente húmedos producen frutos de gran calidad.

Para conseguir buenas calidades de higos para secado se recomiendan suelos de pH 8 a 8,5.

La aireación de los suelos es elemental, pues es un árbol muy sensible a la podredumbre radicular. No soporta los encharcamientos ni la humedad en exceso.

En todo caso deben evitarse los suelos extremos, arenosos, excepcionalmente calizos, compactos, etc.

II.2.- Necesidades climáticas

La higuera es un árbol de climas cálido templados, desarrollándose y teniendo unos óptimos productivos entre los 35o y 40o de latitud. No obstante, también vive fuera de estas latitudes; pero sus fases vegetativas no tienen un ciclo normal; bien sea por el frío y la excesiva humedad por encima de los 45o o bien por el exceso de calor en lugares con latitudes inferiores a 25o. La provincia de Cáceres se encuentra perfectamente en esta banda, ya que sus zonas productivas se enmarcan entre los 39-40o de latitud norte.

Si bien soporta las altas y bajas temperaturas, el cultivo de la higuera requiere climas de inviernos benignos y veranos cálidos, apenas sin precipitaciones y con niebla o humedad relativa alta.

Las altas temperaturas de principios de verano le son perjudiciales, provocando la caida anticipada de frutos. Soporta la sequía; aunque en casos de sequía excesivamente prolongada se produce un efecto de letargo, donde la higuera presenta escasa vegetación y sin fructificar. En buena medida, el deficitario grado de humedad de la planta podría ser subsanado mediante la introducción de adecuados sistemas de riego (comarcas de Montánchez y Miajadas, donde la duración media del período seco es superior a 5 meses al año).

Del mismo modo la humedad alta y las lluvias frecuentes no le son nada favorables, influyendo negativamente en la calidad de los frutos. Puede, incluso, provocar la muerte de árbol por podredumbre de las raices.

Las heladas tardías o incluso las producidas a lo largo del invierno también le perjudican sensiblemente. La brevas son las más afectadas, al estar en este período del año poco formadas y sin protección del follaje.

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II.3.- Plantación

Las plantaciones del higueral cacereño han obedecido a unos métodos y técnicas culturales desarrollados tradicionalmente.

Estas plantaciones se realizaban (aún se siguen realizando por parte de pequeños productores en zonas donde el minifundismo o la pequeña propiedad tienen gran importancia) por medio de estaquillas procedentes de árboles sanos, elegidos por su calidad y productividad. Estas estaquillas e incluso ramas colgantes enraizadas se plantaban directamente en el campo de cultivo.

Las estaquillas eran colocadas en forma de L o curvadas, con el fin de facilitar el enraizamiento.

En la actualidad, y apoyado en las nuevas técnicas agronómicas, para nuevas plantaciones se utiliza material vegetal sano, reproducido en viveros y con un sistema radicular ya formado, bien sea a raíz desnuda o con cepellón. De este modo se garantiza el éxito de arraigo del conjunto del higueral.

Para el establecimiento de la plantación se hace necesario además:

- Preparación del terreno. Desfonde del terreno con una profundidad de 0,6 a 0,8 metros, facilitando así la meteorización de las capas profundas, drenaje y ventilación de los suelos. El desfonde es imprescindible por el desarrollo superficial de la mayor parte del sistema radicular de la higuera, a la vez de la necesidad que tiene esta planta de capas superficiales saneadas.

- Incorporación de materia orgánica. Consiste en la aplicación de estiércol al suelo antes de realizar la plantación, para mejorar la textura y estructura del suelo y sobre todo su composición.

- Epoca de plantación. Si el material utilizado es a raíz desnuda debe producirse durante enero. En el caso de que sea con cepellón, esta actividad puede prolongarse hasta principios de primavera.

- Poda de formación. La primera poda de la planta (con el fin de formar el árbol) se realiza en otoño, momento en que la higuera inicia la «parada» (período de inactividad vegetativa). El principal objetivo es la formación de la cruceta, de la que saldrán las ramas principales. Debe realizarse a una altura que oscile entre 0,8 y 1,6 m. en función de la variedad a cultivar y los resultados productivos que se pretendan conseguir.

II.4.- Marco de plantación

La higuera, considerada como un árbol de primor, debe cambiar su concepción tradicionalista del secano extensivo y adaptarse a las nuevas estrategias de los cultivo intensivos de los frutales en general. La incorporación de nuevas técnicas culturales (utilización del agua mediante sistemas de riego), aplicación de factores económicos de rentabilidad productiva, etc, han cambiado la concepción frutícola.

El cultivo tradicional de la higuera en Cáceres mantiene hoy día un modelo de explotación extensivo: nulos o muy escasos cuidados culturales, plantaciones en secano, en asociación con otros cultivos del ámbito mediterráneo, con escasos aprovechamientos y rendimientos productivos y aprovechamientos limitados al consumo familiar y ganadero.

Esta concepción tradicionalista coincide con el mantenimiento de plantaciones con marcos muy amplios (cuadros de 10 x 10 e incluso superiores), aunque en su mayor parte no se guarda relación al estar asociado a otros cultivos. Si bien somos conscientes de las deficiencias de los suelos cacereños en los que se asienta este cultivo, se aconseja para terrenos medios marcos más estrechos, llegando a óptimos de 9 x 9 metros para explotaciones en secano, llegando hasta marcos de 6 x 6 en sistemas de explotaciones intensivas.

La tendencia actual del cultivo intensivo es la obtención de un mayor número de árboles por unidad de superficie y en consecuencia obtener mayor producción y rentabilidad

Las plantaciones intensivas se realizan con marco oscilante de 6 x 6 m. hasta 8 x 8 m., atendiendo a las necesidades particulares del terreno a cultivar. Este marco de plantación está asociado normalmente al cultivo en regadío, con variedades mejoradas y destinando su fruto para consumo humano en sus diversas formas (en fresco, seco, pasta, etc.).

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II.5.- Laboreo

Las labores a realizar en el higueral deben de ser siempre superficiales, ya que las raíces de las higueras se extienden por la capa arable, sin profundizar excesivamente. Las labores realizadas con el cultivador y gradas tienen una función muy beneficiosa al cortar las raíces muy superficiales, regenerando y vigorizando la planta. Por el contrario, las labores profundas le perjudican pudiendo, incluso, precipitar su muerte.

De manera general, se dan tres labores de cultivo a lo largo del año, siempre de manera superficial, y con unos objetivos muy precisos:

- Labor de otoño. Preparar la tierra para la recepción de las lluvias de otoño e invierno.

- Labor de primavera. Desherbaje e incorporación de abono mineral (cultivo en secano).

- Labor de verano. Por medio de un pase de gradas y alisador se intenta evitar, fundamentalmente, la evaporación y el desarrollo de malas hierbas.

II.6.- Riego

Tradicionalmente se ha considerado a la higuera como un árbol de secano y por tanto con escasas exigencias hídricas.

No nos cabe duda que en las nuevas orientaciones productivas, el riego se significa como un elemento de enorme importancia; por cuanto que regula los factores de adversidad provenientes de algunas desfavorables condiciones impuestas por el clima, a la vez que intensifica los valores de productividad (calidad, tamaño, mayor producción, etc.) y rentabilidad.

Las necesidades hídricas de este cultivo se limitan a dos períodos fundamentalmente:

- Epoca de pre-recolección (abril-mayo) para preparar al árbol ante el "tirón" productivo que se producirá en verano.

- En verano, para favorecer la maduración de la segunda cosecha (higo) y para facilitar el crecimiento de la madera formada el año anterior.

Los sistemas de riego en higueras se realizan por medio de diversos tipos de "goteros" y microaspersores.

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II.7.- Fertilizantes

Las higueras no suelen abonarse directamente. Estas se benefician de los elementos que se incorporan para fertilizar los cultivos asociados.

La higuera requiere una serie de elementos que son fundamentales para su buen desarrollo y para la obtención y mejora en la calidad y cantidad de los frutos.

II.8.- Poda

La higuera puede ser objeto de varias podas:

Poda de formación.- Como ya se ha dicho, el objetivo de esta poda es la formación del árbol.

Se puede realizar en niveles:

- En tronco alto: 1,20-1,60 m.

- En tronco medio: 1-1,20 m.

- En tronco bajo: 0,8- 1 m.

Esta poda consiste en la sección del eje central, seleccionando tres brotes que serán las ramas principales.

La poda en tronco bajo coincide normalmente con las plantaciones regulares intensivas con marco de plantación de 6 x 6 m., 7 x 7 m. o inferiores, con el fin de que las ramas principales de las higueras no se entrecrucen y cabalguen unas sobre otras.

Poda de fructificación.- Se realiza generalmente en diciembre-enero. No tiene unos objetivos precisos, ya que la cantidad y la calidad de los frutos, con esta poda, no se ven aumentados. En esta poda sólo se realizan aclareos discretros para eliminar chupones y ramas secas.

Poda de Rivers.- Flores Domínguez (1990) nos la describe como "un tipo de poda consistente en pinzamientos en verde, realizados poco antes del verano. El pinzado de las yemas terminales de los brotes frutíferos activa el crecimiento y maduración de los higos de otoño. En las variedades bíferas, es capaz de adelantarse la cosecha de brevas e inducir la formación de botones florales de higos".

Poda de rejuvenecimiento.- Tras una etapa de desarrollo vegetativo (30 años), la higuera entra en un período de decaimiento. Tiene gran efectividad por la capacidad de rebrote de la higuera.

Esta poda se realiza generalmente sobre higueras viejas o afectadas por plagas y enfermedades con la intención de regenerar el árbol.

Poda de Argenteuil.- El objetivo de esta poda es obtener precocidad en las brevas.

Desyemado.- Consiste en eliminar las yemas terminales con el objetivo primordial de engordar los frutos de la primera cosecha.

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II.9.- Sistemas de cultivo

Históricamente, la higuera ha estado considerada como un cultivo marginal, constreñida a zonas áridas y deprimidas de los secanos cacereños.

De la tradicionalidad se ha pasado, y las perspectivas de futuro así lo corroboran, a una dinámica basada en el mantenimiento y desarrollo de higueral cacereño: existe un conocimiento cultural del cultivo desde hace siglos; la idoneidad de un medio físico (a pesar de sus deficiencias) con altos rendimientos productivos; calidad contrastada del fruto (fresco y/o seco) en los mercados. Todos estos factores contribuyen a considerar a este frutal como uno más a tener en cuenta desde su concepción de frutal de primor.

Plantaciones tradicionales:

- Variedades locales.

- Cultivo en secano.

- Marcos amplios: 9 x 9 a 12 x 12 m.

- Plantas procedentes de viveros o propias.

- Cultivos en llano.

- Explotaciones minifundistas.

- Destino: autoconsumo, comercio local.

Nuevas plantaciones:

- Variedades mejoradas.

- Cultivo intensivo en regadío.

- Marcos estrechos: 6 x 6 m. o inferiores.

- Plantas procedentes de viveros.

- Grandes explotaciones.

- Destino comercial: envasado industrial.

II.10.- Plagas y enfermedades

Las magníficas condiciones de adaptación a situaciones adversas de la higuera hacen de ella un árbol difícilmente atacado por plagas o enfermedades, sobre todo cuando nos referimos a árboles aislados y silvestres. No obstante al ser un árbol cultivado en forma intensiva y con cuidados de esmero, la proliferación de los parásitos puede ser considerada normal y a la vez convertirse en serio problema para su cultivo.

El mantenimiento de una plantación limpia y sana se reduce a periódicas inspecciones que detecten rápidamente las posibles plagas y enfermedades, con el fin de ser combatidas en el momento oportuno y no se conviertan en problemas que puedan dar al traste con la cosecha o, incluso, llegar a perder el árbol.

 

Cuadro 2.-Parásitos de la higuera.

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Plagas Enfermedades

Agusanados de frutos Podredumbre radicular

Ceratitis capitata Roesleria hypogea, Rosellinia necatrix y Armillaria mellea

Mosca del higo Negrilla

Lonchaea aristella Capnodiceas, fumago y limacinia

Orugas de las hojas Virus del mosaico de la higuera

Simaethis pariana Eriophyes ficus

Cochinilla de la higuera

Ceroplastes rusci

Barrenillo de la higuera

Hipoborus ficus

Plagas de almacen

Myelois ceratoniae

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Si bien las plagas y enfermedades de las higueras cacereñas no están registradas con exhaustividad (por los escasos, por no decir nulos, estudios realizados al respecto. Los estudios se limitan a las consultas realizadas de manera particular al Laboratorio del Servicio de Protección de los Vegetales de la Junta de Extremadura, sito en Cáceres, mediante muestras de plantas y/o frutos dañados), hemos creido conveniente citar de manera genérica algunas plagas y enfermedades representativas y frecuentes de estas plantaciones, haciendo especial alusión a los daños ocasionados en plantas y frutos y sus consecuencias inmediatas.

- Agusanado de brevas e higos (Ceratitis capitata)

En climas templados es capaz de estar presente a lo largo de todo el año.

Pasa los meses fríos enterrado alrededor de los árboles.

Causa los primeros daños en la cosecha de brevas cuya recolección se sitúa a finales de junio. Un segundo ataque (sobre los higo) se realiza a principios de agosto.

El daño que causa es la depreciación total de los frutos, brevas e higos. Provoca la putrefacción por destrucción de la pulpa. Los frutos se agrian e incluso pueden caer al suelo si el ataque es muy intenso. Es la plaga más importante en función de los daños económicos que provoca.

- Mosca del higo (Lonchae aristella)

Aparece exclusivamente en higueras (cultivadas o silvestres) y actua sólo sobre los higos. Causa daños idénticos a los de la mosca de la fruta. Esta plaga no es frecuente en España.

- Orugas de las hojas (Simaethis pariana)

Las orugas devoran la epidermis de las hojas, respetando los nervios. Las hojas se vuelven pardas tras el ataque, dejando al descubierto el esqueleto de los nervios.

- Cochinilla de la higuera (Ceroplastes rusci)

Los ataques sobres las ramas ocasionan un rápido decaimiento del árbol, debido a las succiones del insecto y a la "costra" creada, que impide el normal desarrollo vegetativo.

El árbol presenta un estado de envejecimiento y decrepitud. Junto con el agusanado de los frutos es la plaga más importante de la higuera.

- Barrenillo de la higuera (Hipoborus ficus)

Es un parásito extremadamente común en la higuera, vive a expensas de las higueras debilitadas, ramas partidas o podas mal hechas.

Las ramas debilitadas, con el ataque del barrenillo, acaban por caerse, y las higueras enfermas o en decrepitud aceleran su muerte.

Las heladas tardías, años de sequía, la rotura de ramas, el deficiente cultivo o el ataque de otras plagas son causas que favorecen la invasión de los barrenillos.

- Plagas de almacen (Myelois ceratoniae)

Los daños ocasionados por este parásito tienen una gran repercusión económica, por la depreciación que se produce en el fruto destinado al comercio.

- Podredumbre radicular (Roesleria hypogea, Armillaria mellea y Rosellinia necatrix)

Es una enfermedad que destruye las raíces de las plantas, presentando ésta una mala circulación de la savia, perdiendo color las hojas y languideciendo posteriormente.

Los daños pueden ser tan nefastos como llevar a la muerte al árbol. La causa principal que provoca esta enfermedad es la plantación en terrenos fácilmente encharcables o excesivamente húmedos.

- Negrilla (Capnodiceas, fumago y limacinia)

Es una de las enfermedades más corrientes. Recubre las hojas de un polvo negruzco que dificulta las funciones vegetativas normales de la higuera. Si bien las consecuencias no tienen excesiva gravedad, su aspecto es deplorable.

- Virus del Mosaico de la higuera (Eriophyes ficus)

Ataca principalmente a las hojas, que se presentan más pequeñas de lo normal, así como claros signos deformativos. En otras ocasiones presenta sequedad de las yemas apicales, herrumbre en la hojas y escamación en las semillas del fruto.

De manera ocasional puede provocar el empequeñecimiento de las ramas y la caida de las hojas.

No tiene incidencia en el rendimiento productivo; pero sí afecta de manera determinante en la caida de los frutos. Los higos presentan manchas y costras, provocando, en algunos casos, la caida prematura de los frutos afectados.

 

 

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