El Mercado Franco de Plasencia
Presentación
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Definiendo la pervivencia de lo "tradicional" en sociedades teóricamente avanzadas mediante el recurso al adjetivo fácil o a calificativos tendentes a la subestimación, ha conseguido improvisarse, comúnmente, la solución a problemas que continúan preocupando a una historiografía empeñada en el análisis del cambio y de los factores que en él inciden. Con la apelación al anacronismo de elementos enraizados en el pasado, sin una previa consideración de las posibles diferencias entre los papeles desempeñados entonces y las funciones desarrolladas en la actualidad, se ha obviado su importancia para el conocimiento del sistema en el que se integran y se han cerrado vías de acceso a una visión mucho más compleja que la derivada de la pura y simple aceptación de la génesis como factor que imprime por sí sólo carácter a tales elementos. El trabajo que presentan estas líneas ha pretendido conectar con esa problemática a través del estudio histórico del Mercado Franco de Plasencia. La constante presencia de tal institución en la vida de la ciudad, desde hace aproximadamente ocho siglos, la convierte en un objeto de análisis de enorme trascendencia para someter a debate las razones que han hecho posible la pervivencia, en la actualidad, de imágenes tomadas en el pasado y reproducidas con puntualidad todos los martes de cada semana. Los matices que tan sugerente cuestión introduce en las adjetivaciones con las que se han definido elementos similares, no pueden registrarse, sin embargo, con la metáfora cinematográfica, en tanto que aquéllos sólo adquieren verdadera significación cuando se acepta que el tiempo, sin variar las formas, modifica las funciones de lo que junto a él transcurre, permitiendo así su continuidad y, por tanto, rectificando conclusiones al respecto que inciden más en la conservación intergeneracional que en la renovación. Detrás de nuestros própositos quedan todos los que, de una manera u otra, han hecho posible su presentación, sin que ninguno deba considerarse responsable por la incapacidad del autor para llevarlos a buen término. La Cámara de Comercio e Industria de Cáceres inició el proceso dando cobertura a los que comenzábamos a dar los primeros pasos en la investigación histórica y ofreciendo, no sólo financiación económica, sino la atención y el amable trato de sus empleados. Eduardo Alvarado y Miguel Rodríguez Cancho depositaron su confianza y pusieron a nuestra disposición sus conocimientos y su experiencia. Los funcionarios del Ayuntamiento de Plasencia posibilitaron desinteresadamente la resolución de todos los problemas que conllevaba la premura del trabajo, especialmente Ester Sánchez Calle, encargada del Archivo Municipal, cuya eficiencia y cordialidad hicieron verdaderamente inmejorable nuestra estancia en la ciudad. Por su parte, Miguel Angel Melón Jiménez, con su inestimable preparación científica y su dedicación, facilitó la superación de muchas de nuestras carencias, brindándonos su apoyo en todo momento. A todos ellos y a las personas que desde muy cerca dieron muestras de una inagotable paciencia mientras duró la elaboración del presente trabajo, nuestra gratitud más sincera.
Antonio Miguel Linares Luján Cáceres, 25 de enero de 1991 |
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