Antonio Miguel Linares Luján

El Mercado Franco de Plasencia

 

Apéndices

Apéndice I

Apéndice II

Apéndice III

Apéndice IV

Apéndice V

Apéndice VI

Apéndice VII

Apéndice I

Artículos relacionados en los portzgos de Plasencia

Portazgo del Fuero
Portazgo de 1428

Pan

Pan

Pescado

Pescado

Tocino

Tocino

Queso

Queso

Conejos

Sal Aceite Vinagre

Vino

Vino Miel Ajos Garbanzos Hortalizas Castañas Pasas Nueces Avellanas Fruta

Bueyes

Bueyes

Cerdos

Cerdos

Ovejas

Ovejas

Cabras

Cabras

Paños de color

Paños de color

Sayales

Sayales

Lana

Lana

Lino

Lino

Lienzos Seda

Cuero

Cuero Cordobán Badana

Pellejos de conejos y ovejas

Hierro

Hierro

Acero

Greda y polvo

Greda y polvo

Rubia

Sogas

Calderas Escudillas Tajaderos Barro Vidrio Casca Corcho Madera Zumaque Pez Especias Buhonería

Moros que se venden*

Moros que se venden

Moros que se redimen

Moros que se redimen

 

* En opinión de José Luis Martín las ciudades y villas situadas a lo largo de la Calzada Guinea, como es el caso de Plasencia, presentan una localización muy apropiada para el tráfico humano, sobre todo como lugares de intercambio de prisioneros y de liberación de cautivos. Martín Martín J.L.: "Las funciones urbanas de la Transierra occidental", en La ciudad hispánica durante los siglos XIII al XVI. I, Universidad Complutense de Madrid, 1985, p. 411.

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Apéndice II

Precios de la caza según las ordenanzas*

 

Lugares

Plasencia

Par de perdigones (Desde que los hubiere hasta San Miguel)

17

22

Par de perdices (Desde San Miguel hasta las Carnestoliendas)

24

30

Par de palomas torcazes (Desde que las hubiere hasta San Andrés)

10

14

Par de palomariegas y palominos

5

8

Conejos viejos

8

10

Gazapos

3

4

Liebres grandes

15

20

 

* "Título XXVI, De los Fieles que se dicen Mayordomos de fuera de las dos partes de la Mayordomía que pertenece al Concejo desta mui noble Ciudad de Plasencia", Ordenanzas de la ciudad de Plasencia y su Partido, 1601, Biblioteca Pública de Cáceres.

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Apéndice III

Autos tocantes a los precios dados a las mercadurías que se venden en esta Ciudad de Plasencia, Año 1670*

 

BARROS DE FUERA

Cántaros y tinajas grandes

10 cuartos

Botijos

5 "

Olla grande de 2 arrobas

5

Olla de 1 azumbre

10 mrs.

Olla de medio azumbre

6 "

Olla de cuartilla

4 "

Jarrillas de beber

2 "

BARROS DE LA CIUDAD

Un botijo correspondiente al cántaro

6 cuartos

Un candilón de arroba, vidriado

5 reales

Un candilón de media arroba

3 "

Una escudilla vidriada

4 mrs.

Una cazuela vidriada

20 "

Una olla de una arroba

4 reales

SEDA Y ESPECIERIA

La vara de tafetán negro, sencillo

9 reales

La vara de tafetán sencillo de todos colores

10 "

La vara de tafetán negro de Granada

12 "

La vara de tafetán de Guinea

9 "

La vara de rasilla de todos colores

9 "

La vara de bocasí

9 "

El fustán doble

5 "

La vara de cotonia de seda

6 "

La vara de cotonia negra de Córdoba

11 cuartos

La vara de cotonia de colores de Jaén

8 "

El listón de color

7 "

Pasamanos negro de Santa Isabel

6 "

Reforcados de colores

4 "

Reforcados negros

4 "

Rehilados negros de Granada

4 "

Seda negra de Toledo

14 mrs.

Esterillas de colores

-

Medias para hombre del Corral de Santa Cruz

15 reales

ZAPATERIA

Zapatos de cordobán para hombre

12 reales

Zapatos de ponlelí de palo para mujer

13 "

Zapatos de tacón para muchachos y muchachas

8 "

Zapatos de correa con una suela

12 "

ALIMENTOS

La libra de arroz

18 cuartos

La libra de piñones

14 "

La libra de alcaparras

14 "

La libra de azúcar molido

5 reales

La libra de almendras

4,7 "

El cuartillo de miel

1,17 "

La libra de garbanzos

28 mrs.

La libra de lentejas

28 "

 

 

 

*Barrio y Rufo, J.: Historia de la muy noble y muy leal ciudad de Plasencia, "Cuaderno de Notas nº 12" (sin fecha). Manuscrito conservado en la Biblioteca Pública de Cáceres.

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Apéndice IV

Estado de la producción, consumo y déficit de trigo en el partido Judicial de esta Ciudad todo el año de 1868 (en fanegas)*

 

Producción
Consumo
Defícit

Abadía

200

1.000

800

Aldeanueva del Camino

500

3.000

2.500

Aldehuela

700

700

-

Arroyomolinos

650

1.450

800

Baños

80

2.340

2.260

Barrado

90

500

410

Cabrero

50

1.600

1.550

Carcaboso

1.600

1.600

-

Casas del Monte

-

1.600

1.600

Galisteo

4.000

4.745

745

La Garganta

20

1.335

1.315

Gargantilla

100

3.500

3.400

Granadilla

1.600

1.400

-

La Granja

1.200

1.500

300

Garguera

550

1.500

950

Guijo de Granadilla

1.500

3.000

1.500

Hervás

1.500

1.100

1.100

Jarilla

250

900

650

Malpartida

6.200

10.600

4.400

Montehermoso

2.000

11.000

9.000

Oliva

750

2.000

1.250

Plasencia

10.500

34.000

23.500

Segura

-

400

400

Serradilla

2.000

7.700

5.700

Tejeda

1.476

1.476

-

El Torno

150

3.700

3.550

Zarza de Granadilla

500

2.846

2.346

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*Archivo Municipal de Plasencia, leg. 68-4.

Apéndice V

Precios del trigo, la cebada y el centeno en Plasencia y en algunos núcleos del Partido, 1813-1818 (Reales/Fanega)

 

TRIGO
CEBADA
CENTENO

Plasencia

60
30
38

Aldeanueva de la Vera

35
18
25

Arroyomolinos

23
25
30

Barrado

53
28
21

Cabezuela

54
36
36

Casas de Millán

50
24
26

Casatejada

50
29
36

Gargantilla

30
18
20

Garguera

55
30
24

Losar

50
30
30

Piornal

36
38
38

Saucedilla

50
20
30

Segura

58
35
38

Serradilla

50
28
35

Tornavacas

40
16
20

Torrejón el Rubio

48
28
30

Valverde

46
24
30

Villanueva de la Vera

46
24

30

Villar

40
30
30

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*Informe de precios remitido a la Real Audiencia de Extremadura en 1827. Archivo Municipal de Plasencia, sin catalogar.

Apéndice VI

Productos citados en los derechos por introducción o venta en la Ciudad de Plasencia (1856)

Abanicos

Botones

Chorizos

Aceite

Cabras

Clavos

Aceitunas

Cabritos

Conejos

Acero

Cacao

Congrios

Aguardiente

Cajas de escopetas

Cordobán

Ajos

Cal

Cordones

Algocón

Calderos

Cristal

Almendras

Canela

Cuajos

Altranuces

Canelón

Cucharas

Anguilas

Cáñamo

Cuencas

Arroz

Carbón

Embutidos

Avellanas

Carnaza

Escobas

Azúcar

Casca

Esparto

Bacalao

Castañas

Estamaeña

Balago

Caza

Estopa

Banastas

Cebada

Frsas

Becerros

Cebolla

Fruta

Bellotas

Centeno

Gallinas

Besugos

Cera

Gallos

Borregos

Cerezas

Garbanzos

Botellas de cerveza

Chcharras

Gato montés

Botijos

Chocolate

Habichuelas

Herrajes

Nieves

Relojes

Hierro

Nueces

Ropas hechas

Higos

Nutrias

Salchichón

Hilo

Ostrass

Salmón

Hormas

Paja

Seda

Jabalíes

Palaso

Sillas

Jabón

Paños Bastos

Tachuelas

Jamón

Papel

Tejón

Jarras

Paraguas

Tencas

Lana

Pasas

Tinajas

Leche

Pellejos de oveja

Tocino

Lentejas

Pellicas de borrego

Tollo

Leña

Perdices

Tripas

Lienzo

Pez

Truchas

Lino

Pieles de oveja

Turrón

Lomo

Pieles de vaca

Venados

Loza

Piedras de chispas

Vidrio

Madera

Plata

Vino

Mantas

Plomo

Yerro

Merluza

Pollos

Yesca

Mimbre

Polvos

Yeso

Mirra

Pucheros

Zapatos

Morcilla

Queso de cabra

Nabos

Queso de oveja

* Tarifa o Arancel que se cita de los derechos que por su introducción en esta ciudad, o por su venta en puesto fijo o en ambulancia han de pagar los quesos, especies y artículos que a continuación se espresan...(1856). Archivo Municipal de Plasencia, sin catalogar.

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Apéndice VII

El Mercado Semanal de Plasencia. Causas de su decadencia y medios de acrecentarle

EDUARDO GARCIA MONGE

Son los mercados centros de contratación a donde se acude para la compra-venta de géneros y especies. Es tanto mayor la importancia de un mercado cuanto más grande es la concurrencia de mercantes y expendedores, porque en la mayor abundancia de subsistencias encuentra el comprador más facilidad de acaparamiento,y el productor numerosas demandas para sus géneros. Si este beneficio es tangible y axiomático para los directamente interesados en las contrataciones, no lo es menos para la población en donde el mercado se celebra, en sus dobles aspectos de nombradía y utilidad.

Antiguamente eran origen de reales privilegios las concesiones de mercados públicos a fecha fija, mas después, la libertad de comercio, unido al interés de los pueblos que ve en ellos medios de vida importantísimos, los han ido creando nuevos rodeándolos de atractivo, facilitando el tráfico, estableciendo competencia, cual se hace en todo cuanto reviste un interés cívico y aún egoísta, porque redunda en crédito y renombre, economía y abundancia.

No lo hemos entendido así en esta localidad donde desde hace ya tiempo se tiene implantado un prurito que tiende a dificultar la contratación, a ahuyentar los mercaderes, a entorpecer su marcha regular, a anularlos en fin, habiéndose dado el caso de intentarse por los obligados concurrentes a señalar punto distinto de esta ciudad donde celebrar sus conciertos; afortunadamente la posición geográfica que disfrutamos dificultó el intento, sin que esto quiera decir que mejor estudiado el plan, mejor dirigido y aunadas más voluntades no exista el peligro de vernos privados definitivamente del histórico mercado semanal.

Si obligación es de toda Autoridad constituida velar por la conservación de lo que sea útil al vecindario, fomentar sus intereses, aumentar su bienestar, creando y planteando cuanto redunda en beneficio público, deber es de los administrados auxiliarles en sus gestiones paternales, sosteniéndoles con la confianza y el aplauso, indicándoles lo que el estudio y la experiencia consideren que es útil y aceptable. Por ello, sea lícito al que esto escribe, intervenir en la cuestión planteada sobre el fomento y porvenir de referido mercado, señalando las causas de su decaimiento por si quieren destruirlas, y llevando a la mejor ilustración de los encargados de remediarlo lo que la experiencia, lo que el clamor público señala como causas principales de la agonía de este centro.

No es preciso remontarse a larga fecha para recordar la vitalidad, la nombradía, el crédito y concurrencia del mercado semanal de Plasencia; no es de poco tiempo en que se ha comprobado que a medida de disminuirse el concurso, la vida se hacía más difícil, la carestía se señalaba en todos los artículos, que a aquella abundancia de subsistencias anterior, ha sucedido un simulacro, una risible caricatura, una mermada muestra del mercado de ayer.

¿Qué ha podido originar este retraimiento del abastacedor y como tal el del mercader? Esto es lo que se precisa esclarecer para con vigor, con toda la energía contrarrestar, destruir y anular lo que resulte defectuoso u opuesto si es que se intenta de veras el fomentar y recuperar lo que por desatenciones perdimos.

¿Qué ha podido originar este retraimiento del abastacedor y, como tal, el del mercader? Esto es lo que se precisa esclarecer para, con vigor, con toda la energía, contrarrestar, destruir y anular lo que resulte defectuoso u opuesto, si es que se intenta de veras el fomentar y recuperar lo que por desatenciones perdimos.
He de señalar primero, que una de las causas que motivan la falta de concurrencia en el provehedor es la gran facilidad que hoy existe con las vías férreas y carreteras que auxilian grandemente al acaparador, llegando a proveherse a la fuente de origen, benefico que redunda en pro del productor hasta el punto de que si éste no tuviera precisión de cambiar sus mercancías por otras de que carece, a buen seguro que hoy tendríamos por definitivamente muerto el mercado a que nos referimos. Claro es pues, que a esta dificultad no cabe señalar remedio, no hay dique que oponerle si no es contrarrestando con facilidades y atracciones a unos y otros contratantes.

Sabido es, cuánto facilita la concurrencia todo cuanto represente economía; lo que se llama el relevo de pagos por impuesto, es la nota más atrayente al feriante y así lo tiene entendido este Municipio, cuando al tratar de establecer ferias anuales, cuidó como el mejor llamativo, como la más atractiva nota, advertir quedaban exentos de pago por puesto, portaje, etc., todos los ganados. Si esto lo tiene entendido como lo más práctico, ¿se concibe que para lo referente al mercado semanal ha de hacerse todo lo contrario? A aquéllos todo facilidades y excepciones; a éstos molestia, mortificaciones y exacciones; derechos de consumo, impuesto de pesas y medida, pago por puesto y venta, multa si dejan una caballería abandonada mientras acomodan su mercancía, si la dejan aproximarse a una fuente pública para abrevarse, si la dejan atada en cualquier sitio de la vía pública; todo son mortificaciones, todo atentado a lo que les es más doloroso, el escaso pecunio. Y es lo más triste que esos impuestos apenas levantan los fondos públicos, que representan una mezquindad en el presupuesto de ingresos y, sin embargo, son las grandes trabas, los únicos obstáculos que se oponen al florecimiento del mercado.

Es el de consumo un impuesto odioso por sí mismo, como que es el doble pago por la riqueza que se posee; grava la Hacienda, la propiedad con un 18,200 más por ciento sobre la utilidad calculada sobre el inmueble y esa utilidad, que es el trato que produce, viene a contribuir nuevamente por el impuesto de consumos para la Hacienda pública; y por si es poco, los Municipios recargan las tarifas con otro tanto por ciento para sus fondos, cuyo tanto por ciento suele ser el máximo que la Ley autoriza.
Claro es que no voy a pedir se supriman o anulen las tarifas mientras no haya medios mejores para compensarlo, pero sí cabe dulcificarlo, y para el caso concreto a que vengo haciendo referencia, suprimirlo. Son por dicha la mayoría de los productos que vienen a estos mercados frutas, hortalizas y legrumbres que están gravadas por los arbitrios municipales, esto es, de los que son putativos a los Ayuntamientos establecerlos o no. Examinadas las cantidades que arroja el total, calculado por tal concepto, es relativamente insignificante; pero como la bola de nieves crece, porque de él hay que sacar para guardas, arrendatarios y material, en total, que el erario público percibe poco, pero al vecino consumidor le aumenta cerca de un doble precio el valor del producto.

No habla muy alto, ciertamente, en pro de una administración municipal que tenga establecidos los arbitrios, porque para llegar a ellos, para que le sea otorgada la autorización de establecerlos, ha de acreditar tener apurados todos los recursos, haber gravado con el máximo los impuestos de cédula, industria, territorial, urbana, etc., y ¿es acaso hacer administración recargar al vecino con todo lo que la Ley permite?
Por ello, debe clamarse por la reducción; siquiera que no estén sujetos a impuesto las substancias que figuran en la tarifa de arbitrios y, de esa manera, la concurrencia al mercado volvería a hacerse numerosa y todo el vecindario participaría de gran baratura en esos artículos que son, por otra parte, de los de primera necesidad.
Libre el productor de ese pago que encarece su mercancía, queda también libre de disponer de su tiempo para venir y marchar a las horas que le convengan sin que le creen obstáculos en tránsitos, fielatos ni depósitos, ruedas en cuyos engranajes va dejando una parte no despreciable de su misérrimo capital y una no pequeña suma de paciencia.

Y pudo penetrar por fin en la plaza pública, que es el sitio establecido para las contrataciones, y el asenderado introductor recibe la visita del que le ha de cobrar otro impuesto, el de punto; no ha venido aún y tiene que pagar o dejar (como hizo en el fielato) una prenda, y quiere vender y precisa pagar el alquiler de la medida o la romana, aunque de ellas y de su propiedad venga provisto; ¿qué razón hay para esta otra exacción?, si el vendedor la presenta garantizada con el sello del contraste ¿qué ley puede obligar a valerse de otras o pagar el equivalente como si las utilizara? ¿No es esto otro motivo bastante para molestar, para disgustar, para alejar el que por tantos medios se castiga?

Como si lo expuesto no fuera bastante en justificación del retraimiento, hay otras causas tan desfavorables para el productor como para el traficante y el vecindario todo: los puestos de reventa.

Hay que fijar en esto muy mucho la atención, no es insignificante el daño que a unos y otros origina y es fácil demostrarlo: los puestos de reventa se establecen sin capital alguno, el revendedor ajusta la mercancía, se pesa y tiene que esperar a que sea vendido todo para hacer la cobranza; cobranza erizada de dificultades, molestias y pérdidas, porque al practicarse la liquidación opone el revendedor mil enredos para mermar el legítimo e íntegro pago; le alega unas veces que había vuelto a pesar la especie y que faltaban algunos kilos, que había tenido que tirar gran parte del trato porque venía podrido y verde, y cosas análogas que, si casi siempre son falsedades, tienen el apoyo de los convecinos que ejercen igual industria armándose de continuo los consiguientes escándalos, que terminan con que los agentes den la razón a quien no la tiene generalmente. Se dirá que porque aleccionados con la experiencia contratan con los revendedores, y aquí salta otro abuso consentido y tolerado, porque el revendedor se establece junto a los puestos del productor y aprovechándose de sus conocimientos con el vecindario y validos de la audacia, llaman a los que van de compras y les hacen cargar de sus puestos, dejando al vendedor forastero hecho una estatua y sin poder dar salida a sus géneros; por ello prefieren malvender ante el temor de que el mercado termine sin poder colocar su mercancía.

Por todo lo expuesto y omitiendo otros detalles que vienen a fortalecer el argumento de las grandes contrariedades y perjuicios que origina el revendedor al productor, es de preferente y absoluta necesidad separarlos, relegando, ya que otra cosa no sea, a todos los revendedores a sus puestos en la plaza de mercado, o exigiéndoles la matrícula correspondiente y un fuerte arbitrio sobre el puesto en la vía pública.
Enumeradas las causas principales que vienen originando el decaimiento de los mercados fácil es deducir los medios de contrarrestarlos, aunque sea imponiendo algún sacrificio al erario público.

No terminaré este modesto trabajo sin apuntar un pensamiento, que de aceptarse y llevarse a cabo, habría de ser bien recibido por los mercaderes, como que les representa una economía patente para la mayoría de ellos, hombres cultivadores de mezquinas parcelas y ganosos de economizar el céntimo. Refiérome con ello a la construcción en uno o dos puntos de las afueras, de barracas o cobertizos donde pudieran dejar sus caballerías custodiadas mientras desempeñaban su misión en la población, y que no se les interesara cantidad alguna por la estancia y guarda.

También contribuirá a llamar concurrencia la concesión que pudiese recabarse de la empresa de ferrocarriles,de la mayor rebaja posible en las tarifas de viajeros por ida y vuelta, de lunes a miércoles.
Con lo expuesto, creo haber llenado la misión informativa que me propuse, teniendo mi trabajo por bien empleado si el Municipio o Comisión que estudia el propósito aceptan o tienen por pertinentes y dignas algunas de las indicaciones relatadas, pues el espíritu que me guía es sólo el renombre de la población y el beneficio general para el vecindario.

Plasencia, 12 de diciembre de 1909.

Eduardo García Monge
(Archivo Municipal de Plasencia, sin catalogar)
 

 

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