El Mercado Franco de Plasencia
Apéndices
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* En opinión de José Luis Martín las ciudades y villas situadas a lo largo de la Calzada Guinea, como es el caso de Plasencia, presentan una localización muy apropiada para el tráfico humano, sobre todo como lugares de intercambio de prisioneros y de liberación de cautivos. Martín Martín J.L.: "Las funciones urbanas de la Transierra occidental", en La ciudad hispánica durante los siglos XIII al XVI. I, Universidad Complutense de Madrid, 1985, p. 411. Precios de la caza según las ordenanzas*
* "Título XXVI, De los Fieles que se dicen Mayordomos de fuera de las dos partes de la Mayordomía que pertenece al Concejo desta mui noble Ciudad de Plasencia", Ordenanzas de la ciudad de Plasencia y su Partido, 1601, Biblioteca Pública de Cáceres. Autos tocantes a los precios dados a las mercadurías que se venden en esta Ciudad de Plasencia, Año 1670*
*Barrio y Rufo, J.: Historia de la muy noble y muy leal ciudad de Plasencia, "Cuaderno de Notas nº 12" (sin fecha). Manuscrito conservado en la Biblioteca Pública de Cáceres. Estado de la producción, consumo y déficit de trigo en el partido Judicial de esta Ciudad todo el año de 1868 (en fanegas)*
*Archivo Municipal de Plasencia, leg. 68-4. Precios del trigo, la cebada y el centeno en Plasencia y en algunos núcleos del Partido, 1813-1818 (Reales/Fanega)
*Informe de precios remitido a la Real Audiencia de Extremadura en 1827. Archivo Municipal de Plasencia, sin catalogar. Productos citados en los derechos por introducción o venta en la Ciudad de Plasencia (1856)
* Tarifa o Arancel que se cita de los derechos que por su introducción en esta ciudad, o por su venta en puesto fijo o en ambulancia han de pagar los quesos, especies y artículos que a continuación se espresan...(1856). Archivo Municipal de Plasencia, sin catalogar. El Mercado Semanal de Plasencia. Causas de su decadencia y medios de acrecentarle EDUARDO GARCIA MONGE Son los mercados centros de contratación a donde se acude para la compra-venta de géneros y especies. Es tanto mayor la importancia de un mercado cuanto más grande es la concurrencia de mercantes y expendedores, porque en la mayor abundancia de subsistencias encuentra el comprador más facilidad de acaparamiento,y el productor numerosas demandas para sus géneros. Si este beneficio es tangible y axiomático para los directamente interesados en las contrataciones, no lo es menos para la población en donde el mercado se celebra, en sus dobles aspectos de nombradía y utilidad. Antiguamente eran origen de reales privilegios las concesiones de mercados públicos a fecha fija, mas después, la libertad de comercio, unido al interés de los pueblos que ve en ellos medios de vida importantísimos, los han ido creando nuevos rodeándolos de atractivo, facilitando el tráfico, estableciendo competencia, cual se hace en todo cuanto reviste un interés cívico y aún egoísta, porque redunda en crédito y renombre, economía y abundancia. No lo hemos entendido así en esta localidad donde desde hace ya tiempo se tiene implantado un prurito que tiende a dificultar la contratación, a ahuyentar los mercaderes, a entorpecer su marcha regular, a anularlos en fin, habiéndose dado el caso de intentarse por los obligados concurrentes a señalar punto distinto de esta ciudad donde celebrar sus conciertos; afortunadamente la posición geográfica que disfrutamos dificultó el intento, sin que esto quiera decir que mejor estudiado el plan, mejor dirigido y aunadas más voluntades no exista el peligro de vernos privados definitivamente del histórico mercado semanal. Si obligación es de toda Autoridad constituida velar por la conservación de lo que sea útil al vecindario, fomentar sus intereses, aumentar su bienestar, creando y planteando cuanto redunda en beneficio público, deber es de los administrados auxiliarles en sus gestiones paternales, sosteniéndoles con la confianza y el aplauso, indicándoles lo que el estudio y la experiencia consideren que es útil y aceptable. Por ello, sea lícito al que esto escribe, intervenir en la cuestión planteada sobre el fomento y porvenir de referido mercado, señalando las causas de su decaimiento por si quieren destruirlas, y llevando a la mejor ilustración de los encargados de remediarlo lo que la experiencia, lo que el clamor público señala como causas principales de la agonía de este centro. No es preciso remontarse a larga fecha para recordar la vitalidad, la nombradía, el crédito y concurrencia del mercado semanal de Plasencia; no es de poco tiempo en que se ha comprobado que a medida de disminuirse el concurso, la vida se hacía más difícil, la carestía se señalaba en todos los artículos, que a aquella abundancia de subsistencias anterior, ha sucedido un simulacro, una risible caricatura, una mermada muestra del mercado de ayer. ¿Qué ha podido originar este retraimiento del abastacedor y como tal el del mercader? Esto es lo que se precisa esclarecer para con vigor, con toda la energía contrarrestar, destruir y anular lo que resulte defectuoso u opuesto si es que se intenta de veras el fomentar y recuperar lo que por desatenciones perdimos. ¿Qué ha podido originar este retraimiento del
abastacedor y, como tal, el del mercader? Esto es lo que se
precisa esclarecer para, con vigor, con toda la
energía, contrarrestar, destruir y anular lo que
resulte defectuoso u opuesto, si es que se intenta de veras
el fomentar y recuperar lo que por desatenciones
perdimos. Sabido es, cuánto facilita la concurrencia todo cuanto represente economía; lo que se llama el relevo de pagos por impuesto, es la nota más atrayente al feriante y así lo tiene entendido este Municipio, cuando al tratar de establecer ferias anuales, cuidó como el mejor llamativo, como la más atractiva nota, advertir quedaban exentos de pago por puesto, portaje, etc., todos los ganados. Si esto lo tiene entendido como lo más práctico, ¿se concibe que para lo referente al mercado semanal ha de hacerse todo lo contrario? A aquéllos todo facilidades y excepciones; a éstos molestia, mortificaciones y exacciones; derechos de consumo, impuesto de pesas y medida, pago por puesto y venta, multa si dejan una caballería abandonada mientras acomodan su mercancía, si la dejan aproximarse a una fuente pública para abrevarse, si la dejan atada en cualquier sitio de la vía pública; todo son mortificaciones, todo atentado a lo que les es más doloroso, el escaso pecunio. Y es lo más triste que esos impuestos apenas levantan los fondos públicos, que representan una mezquindad en el presupuesto de ingresos y, sin embargo, son las grandes trabas, los únicos obstáculos que se oponen al florecimiento del mercado. Es el de consumo un impuesto odioso por sí mismo,
como que es el doble pago por la riqueza que se posee; grava
la Hacienda, la propiedad con un 18,200 más por
ciento sobre la utilidad calculada sobre el inmueble y esa
utilidad, que es el trato que produce, viene a contribuir
nuevamente por el impuesto de consumos para la Hacienda
pública; y por si es poco, los Municipios recargan
las tarifas con otro tanto por ciento para sus fondos, cuyo
tanto por ciento suele ser el máximo que la Ley
autoriza. No habla muy alto, ciertamente, en pro de una
administración municipal que tenga establecidos los
arbitrios, porque para llegar a ellos, para que le sea
otorgada la autorización de establecerlos, ha de
acreditar tener apurados todos los recursos, haber gravado
con el máximo los impuestos de cédula,
industria, territorial, urbana, etc., y ¿es acaso hacer
administración recargar al vecino con todo lo que la
Ley permite? Y pudo penetrar por fin en la plaza pública, que es el sitio establecido para las contrataciones, y el asenderado introductor recibe la visita del que le ha de cobrar otro impuesto, el de punto; no ha venido aún y tiene que pagar o dejar (como hizo en el fielato) una prenda, y quiere vender y precisa pagar el alquiler de la medida o la romana, aunque de ellas y de su propiedad venga provisto; ¿qué razón hay para esta otra exacción?, si el vendedor la presenta garantizada con el sello del contraste ¿qué ley puede obligar a valerse de otras o pagar el equivalente como si las utilizara? ¿No es esto otro motivo bastante para molestar, para disgustar, para alejar el que por tantos medios se castiga? Como si lo expuesto no fuera bastante en justificación del retraimiento, hay otras causas tan desfavorables para el productor como para el traficante y el vecindario todo: los puestos de reventa. Hay que fijar en esto muy mucho la atención, no es insignificante el daño que a unos y otros origina y es fácil demostrarlo: los puestos de reventa se establecen sin capital alguno, el revendedor ajusta la mercancía, se pesa y tiene que esperar a que sea vendido todo para hacer la cobranza; cobranza erizada de dificultades, molestias y pérdidas, porque al practicarse la liquidación opone el revendedor mil enredos para mermar el legítimo e íntegro pago; le alega unas veces que había vuelto a pesar la especie y que faltaban algunos kilos, que había tenido que tirar gran parte del trato porque venía podrido y verde, y cosas análogas que, si casi siempre son falsedades, tienen el apoyo de los convecinos que ejercen igual industria armándose de continuo los consiguientes escándalos, que terminan con que los agentes den la razón a quien no la tiene generalmente. Se dirá que porque aleccionados con la experiencia contratan con los revendedores, y aquí salta otro abuso consentido y tolerado, porque el revendedor se establece junto a los puestos del productor y aprovechándose de sus conocimientos con el vecindario y validos de la audacia, llaman a los que van de compras y les hacen cargar de sus puestos, dejando al vendedor forastero hecho una estatua y sin poder dar salida a sus géneros; por ello prefieren malvender ante el temor de que el mercado termine sin poder colocar su mercancía. Por todo lo expuesto y omitiendo otros detalles que
vienen a fortalecer el argumento de las grandes
contrariedades y perjuicios que origina el revendedor al
productor, es de preferente y absoluta necesidad separarlos,
relegando, ya que otra cosa no sea, a todos los revendedores
a sus puestos en la plaza de mercado, o exigiéndoles
la matrícula correspondiente y un fuerte arbitrio
sobre el puesto en la vía pública. No terminaré este modesto trabajo sin apuntar un pensamiento, que de aceptarse y llevarse a cabo, habría de ser bien recibido por los mercaderes, como que les representa una economía patente para la mayoría de ellos, hombres cultivadores de mezquinas parcelas y ganosos de economizar el céntimo. Refiérome con ello a la construcción en uno o dos puntos de las afueras, de barracas o cobertizos donde pudieran dejar sus caballerías custodiadas mientras desempeñaban su misión en la población, y que no se les interesara cantidad alguna por la estancia y guarda. También contribuirá a llamar concurrencia
la concesión que pudiese recabarse de la empresa de
ferrocarriles,de la mayor rebaja posible en las tarifas de
viajeros por ida y vuelta, de lunes a miércoles. Plasencia, 12 de diciembre de
1909. (Archivo Municipal de Plasencia, sin catalogar) |
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